Tegucigalpa. Los productores hondureños afrontan nuevos retos en los costos de producción: el precio de los fertilizantes y otros insumos importados siguen con tendencia al alza, amenazando con un cambio en los costos de producción del sector agropecuario nacional. Varias fuerzas externas y la propia depreciación del lempira confluyen para explicar este repunte, esto según la Asociación Hondureña de la Industria de la Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (AHSAFE).
El factor cambiario
El primer impacto llega del mercado por factor cambiario. Entre enero de 2024 y julio de 2025 el lempira perdió alrededor del 5 % de su valor frente al dólar, con la mayor parte de la caída concentrada en el primer semestre de 2025 (Banco Central de Honduras, 2025). La devaluación afecta directamente los precios internos ya que al adquirir los insumos importados en dólares se requieren más lempiras para poder pagar la factura a los proveedores internacionales; se suma a la problemática la restricción o acceso a divisas necesarias para saldar las facturas de importación de insumos agrícolas.

Dependencia importadora
Esa fragilidad monetaria pesa aún más porque Honduras es dependiente de insumos como fertilizantes procedentes de Rusia, Estados Unidos, China y Alemania.
Escalada internacional de precios
El indicador publicado en la página del Banco Mundial evidencia la magnitud del problema. En junio de 2025, el precio FOB de la UREA promedió US$ 420 por tonelada, lo que representa un incremento interanual (2024/2025) de aproximadamente 25 %. Por su parte, el fosfato diamónico (DAP) en EE. UU. alcanzó los US$ 715 por tonelada, con un aumento del 32 %, mientras que el precio de la potasa (MOP) subió alrededor del 17 % en el mismo período (World Bank, 2025a; 2025b). Con la moneda local debilitada, el impacto en el costo de producción resulta inmediato.


Factores externos en el alza de los precios de fertilizantes
La reciente escalada en los precios de los fertilizantes responde a una serie de factores globales que escapan al control de los países importadores. A continuación, se detallan las principales fuerzas que están presionando al alza estos insumos esenciales para la agricultura:
Restricciones de exportación en China. Desde 2021, el gobierno chino ha impuesto límites a las exportaciones de urea y fosfato diamónico (DAP) con el fin de proteger su abastecimiento interno. En 2025, las licencias emitidas apenas alcanzan los dos millones de toneladas, la mitad del volumen habitual. Esta reducción drástica ha afectado la oferta global, elevando los precios en mercados clave como el Mar Negro y el Golfo Pérsico (CZ App, 2025).
Aumento del costo energético. La producción de fertilizantes nitrogenados requiere grandes volúmenes de gas natural. Con precios de referencia en Europa que superan los 14 dólares por millón de BTU en el primer trimestre del año, el costo marginal de producción se ha disparado, arrastrando consigo toda la cadena de suministro (World Bank, 2025c).
También la creciente demanda global. La Asociación Internacional de Fertilizantes estima que el consumo mundial superará los 205 millones de toneladas en la campaña 2024–2025, impulsado por subsidios en India y compras anticipadas de Brasil para la siembra de maíz (IFA, 2025).
Además, la tensiones geopolíticas y logísticas. Las sanciones impuestas a Rusia y Bielorrusia segundo y tercer mayores exportadores de potasa han obligado a redirigir los embarques hacia puertos alternativos en el Báltico y el Mar Negro. Esta reconfiguración ha encarecido los fletes y generando cuellos de botella logísticos (World Ban k, 2025d). A esto se suma el fortalecimiento del dólar, que incrementa el costo final para países importadores como Honduras (Banco Central de Honduras, 2025).
Impacto local y perspectivas.
La combinación de devaluación, aumento en los costos logísticos y alzas globales de insumos representa un desafío considerable para el productor hondureño, especialmente en cultivos como maíz, café, Palma, Caña de Azúcar y hortalizas. En estos rubros, el fertilizante tiene un impacto importante del costo directo de producción.
Sin embargo, este contexto también abre una ventana de oportunidad para fortalecer la competitividad del sector mediante estrategias integradas. Entre ellas, destacan:
La implementación de diagnósticos de suelos para aplicar nutrientes de manera más eficiente; La adopción de prácticas de manejo eficiente del fertilizante, como fertilización localizada y fraccionada. La implementación de la agricultura regenerativa con herramientas digitales que aseguren que el productor o empresa agropecuaria mejore su productividad. El uso de bioinsumos y abonos orgánicos complementarios.
De cara a la próxima campaña agrícola, una combinación de innovación agronómica, planificación financiera y acompañamiento técnico puede ayudar al productor nacional no solo a resistir el impacto económico, sino a construir sistemas agrícolas más resilientes, sostenibles y rentables.